miércoles, 20 de junio de 2012

El hombre que quiso ser maquina.

Hoy el provecho de una empresa esta mas relacionado con la inversión tecno-científica que el esfuerzo físico de los trabajadores. 

Palabras de A.Vallota que recordaba justo estos días en los que una serie de problemas en el sistema operativo de la empresa o mejor dicho, el internado psiquiátrico al que acudo diariamente, no permitía a sus trabajadores ser productivos, como si eso importara. Pero sobre el trabajo y su utilidad les comento en otra ocasión.


Sistemas inoperativos, fallas del servicio de internet, apagones y sobrecargas eléctricas: un infierno dantesco para el caudillo de esta tierra laboral que enfurecido tenia a sus lacayos; los ingenieros de sistema, dando vueltas a diestra y siniestra; mientras la oficina estaba patas arriba, meriendas a deshora, risas, conversaciones ya no tan furtivas, un escenario de júbilo, trabajadores que ya no eran trabajadores mas personas alegres, de repente todos parecieron adquirir características no tan roboticas sino mas bien humanas. Era realmente algo gustoso de mirar y sin embargo; en el fondo se evidenciaba una verdad incomoda de ver.


¿Tecnología al servicio del hombre o hombre al servicio de la tecnología?


Se hace necesario plantearse esta penosa pregunta. Nos encontramos en una era tecnológica rezan muchos, nos asombramos de las constantes actualizaciones, sistemas con mayor capacidad y rapidez de respuesta, en resumen; estamos en una carrera desenfrenada por la tecnologización de todos los aspectos de nuestra vida y el ámbito laboral va a la delantera: no se escatiman gastos y tal como concluye Vallota, se trata de una inversión. Todo esto suena magnifico pero ¿y qué hay del hombre?¿cuál es nuestro papel en esta carrera, específicamente en el contexto laboral? Sería lógico pensar que siendo esta la situación el trabajador pudiese gozar de más libertades, es decir, una reducción de la jornada laboral, menos cantidad de trabajo acumulada por trabajador, entre otras cosas empero; la realidad dista de ser así, parece mentira que la jornada siga siendo la misma de hace casi 150 años, que la cantidad de trabajo sigue siendo igual o mayor pero lo más paradójico de todo este asunto es que con una pequeña falla de estos imponentes sistemas nos convertimos en los seres más inútiles del planeta, por lo tanto ¿hoy en día en qué consiste nuestro trabajo?¿Es que el hombre ha perdido su fuerza, su valor? Tal parece que estamos reducidos a pulsar botones y arrancar procesos, limitados a no ser más que un accionador al margen de todo, somos meras herramientas y los sistemas, nuestros amos: vemos hombres al servicio de su creación.


Optimizando la nada. 


Esta parece ser en resumen la historia detrás del avance tecnológico, se ha convertido en una necesidad mas que ilusoria, el optimizar por optimizar o dicho de otra manera optimizar meramente por fines económicos, sin tener como objetivo ese para el cual se constituyó la tecnología: servir al hombre, hacer de su vida una más placentera, simplificar hasta el punto de anular rodas esas tareas engorrosas que lo sofocan.


Como en muchas tantas cosas,  estamos mal encaminados, o como diría algún religioso, hemos escogido el camino angosto: ese donde nos hacemos esclavos, ese donde nos hacemos máquinas.

¿ Cuando hemos de regresar al paraíso prometido? Este paraíso, el único, el terrenal.




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